15 salas. 273 pinturas. 130 pintores (93 españoles, 57 extrangeros. 117 son varones y 13 mujeres)

La nueva remodelación comienza con las “Pinturas negras” de Goya y finaliza con “La boloñesa” de María Blanchard. En esta web nos centramos en la sala 61 B. La planificación de las salas se debe a Javier Barón, jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX y a Leticia Azcue Brea, jefa de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del siglo XIX. No estamos capacitados para juzgar el acierto de la remodelación, acogida con entusiasmo por los medios de comunicación. Detallamos con fichas y planos el resultado del cambio en la sala 61B. Echaremos de menos el “Retrato del violinista Pinelli” y el “Tobías y el ángel”. Se han añadido las dos últimas adquisiciones del Prado: “Doña Blanca de Navarra es entregada al Captal del Buch” y “La reina doña Juana en los adarves del castillo de la Mota”. El cuadro “Don Juan de Austria es presentado a Carlos V en Yuste”, alternaba últimamente en la sala con el boceto “La batalla de Tetuán” que también ahora se incorpora. El retrato del violinista Pinelli, durante una época, fue sustituido por una obra de Víctor Manzano.

Completa la sala el cuadro de Lorenzo Vallés “La demencia de doña Juana la loca”que ha sustituido a “La batalla de Bailén”, de Casado del Alisal y el retrato de “Doña Maximina Martínez Blanco”, esposa que fue de Rosales y pintada por Carlota Rosales, la segunda hija de ambos, retrato que a mi parecer no carece de calidad. La autora ha sabido captar cierto aire de tristeza en una pose llena de dignidad. Presencia que puede interpretarse -la de este retrato- para aumentar la presencia de mujeres artistas y/o un homenaje al mismo pintor, esposo y padre. En el centro de la sala se ha respetado el “Cristo yacente” de Agapito Vallmitjana, mármol para el que posó Rosales.

Madrid 11 de septiembre, 2021.
Luis Rubio Gil






1. Eduardo Rosales: “Concepción Serrano, después condesa de Santovenia (La niña de rosa)”. 1871.  O/L. 163 x 106 cm. Firmado. [P6711]. Rosales retrató a la hija del general Francisco Serrano cuando contaba once años en el momento en que su padre era Regente del Reino. Las cualidades de las telas y las variaciones tonales captadas con una pincelada suelta y certera, revelan la influencia de Velázquez, mientras que la gallarda apostura de la joven recuerda los retratos de Goya. Donado por el Banco de España, Caja Postal de Ahorros y Amigos del Museo del Prado en 1982.


2. Eduardo Rosales: “Doña Isabel la Católica dictando su testamento (boceto)”. 1863. Óleo sobre papel pegado en cartón, 22 x 32 cm.


3. Eduardo Rosales: “Doña Isabel la Católica dictando su testamento”. 1864. O/L. 287 × 398 cm. Fechado y firmado. [P4625]. Pocos días antes de su muerte Isabel la Católica dicta su testamento en presencia de sus familiares y colaboradores más cercanos, incluyendo el pintor a personajes destacados de su reinado pero que no pudieron estar presentes en ese momento histórico. Rosales demuestra su interés por la pintura velázqueña y su dominio del dibujo, la composición y la luz, haciendo que el blanco de la ropa de la cama concentre la atención del espectador en la protagonista: la Reina Isabel. Lo que predomina en esta composición es la armonía del conjunto. Cada personaje encuentra perfectamente su lugar; se percibe un gran sentido de las proporciones. La aparente actitud estática de los personajes obedece al estado de meditación en que parecen sumidos. Pintada durante la estancia del pintor en Roma es la obra cumbre del “género de historia” del siglo XIX y punto de partida  de la modernidad en la pintura española a través de Velázquez. Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864. Medalla de Oro en la Exposición Internacional de París 1867. Rosales dedicó  a esta obra los mayores cuidados de información y realizó numerosos dibujos que se conservan en el Prado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña y en colecciones privadas.


4. Lorenzo Vallés: “Demencia de doña Juana de Castilla”. 1866. Óleo sobre lienzo, 238 x 313 cm.


5. Carlota Rosales:“Retrato de Maximina Martínez de Pedrosa, la madre de la artista”.1892. 128 x 86cm.


6.Eduardo Rosales: “Doña Blanca de Navarra entregada al captal de Buch”. 1869. Óleo sobre lienzo, 58 x 106 cm. [P8287]. La composición en forma de friso presenta en el centro a los principales personajes. Rosales ambientó la escena en un palacio italiano, en este caso el cortiledel palacio del Podestá de Florencia. Esto le permitió ordenar la escena con su triple arcada y la escalera por la que descienden las damas de compañía de Doña Blanca, a quien Mosén Pierres de Peralta va a entregar, por orden de Juan II, padre de Doña Blanca, al captal del Buch para su traslado a prisión en castigo a su negativa a contraer matrimonio con Carlos, duque de Berry, hijo de Luis XI de Francia.

El propio artista hizo publicar el texto explicativo en el catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871, a la que concurrió la obra:“Doña Blanca de Navarra víctima de la mala voluntad y de los manejos políticos de su padre D. Juan II de Navarra y Aragón, que se propuso desheredarla por favorecer a su segunda hija Doña Leonor de Fóx, fue conducida a Francia por orden de su padre, que la puso en poder de Mosén Pierres de Peralta. Este la arrancó brutalmente de su misma casa y de sus estados, y rodeada de guardias, la entregó en la villa de Pie de puerto al Captal de Buch, quien la llevó al castillo de Ortez, en Francia, donde murió envenenada, dícese que por una dama de su desnaturalizada hermana Doña Leonor.” (Aleson, Anales de Navarra). Adquirido por el Museo a TasararteSalama. S.L., en 2019.


7.Eduardo Rosales: “Presentación de don Juan de Austria ante Carlos V en Yuste”. 1869. O/L. 76,5 × 123,5 cm. Fechado y firmado. [P4610]. Carlos V enfermo de gota recibe la visita de su hijo natural don Juan de Austria que ignora su parentesco con el monarca. La existencia de Don Juan había sido mantenida en secreto durante mucho tiempo, siendo conocido el niño con el nombre de Jeromín. El emperador Carlos V aparece junto a una ventana, sentado debido a los continuos ataques de gota, cubiertas las piernas con una manta, reposándolas sobre un cojín. El emperador se acompaña de un mastín y de dos frailes jerónimos.  En el extremo opuesto de la composición se ubican los nobles de la corte imperial y el tímido Don Juan, vestido de azul intenso, presentado a su padre por su tutor, don Luis de Quijada. La técnica exhibida por Rosales es de una gran riqueza plástica ya que consigue crear las figuras con un empastado y breve toque, aunque no renuncie a su riguroso dibujo y a la volumetría del modelado de los personajes.  A pesar de reducido tamaño, la escena no pierde monumentalidad ni transcendencia, ubicando con maestría a los personajes en escena, trabajando de manera acertada el tratamiento de la luz, creando una excelente sensación atmosférica que recuerda a Velázquez. Legado de la Duquesa Vda. de Bailén. 1919.


8. Eduardo Rosales: “Mujer al salir del baño”. 1868. O/L. 185 × 90 cm. [P4616].  Considerado el más hermoso desnudo de la pintura española del siglo XIX. Se trata de un esbozo voluntariamente no acabado por el pintor que busca la máxima capacidad expresiva y logra captar toda la sensualidad del cuerpo femenino con una técnica rápida y sintética junto a un absoluto dominio del tratamiento de la luz. La pintura la adquirió el Prado en 1878 por 3.500 pts. En el bastidor de este cuadro Rosales escribió: “Realizado en una sola sesión”.


9. Eduardo Rosales: “La reina doña Juana en los adarves del castillo de la Mota”. 1873. Óleo sobre lienzo, 58,7 x 106,3 cm. [P8288]. La escena representa un episodio de la vida de doña Juana en noviembre de 1503 cuando, después de haber dado a luz en España, quería reunirse con su marido Felipe el Hermoso, quien había partido meses antes a Flandes. La reina aparece a la izquierda de la composición con sus damas, en el momento de expresar su deseo de viajar allí en busca de su esposo. En el centro, su mayordomo, Enrique Enríquez, trata de que vuelva al interior del castillo ante la inclemencia del tiempo, en tanto que señala a la derecha la presencia del cardenal Cisneros, que aparece en pie con serena gravedad.Adquirido por el Museo a TasararteSalama. S.L., en 2019.


10. Eduardo Rosales: “Episodio de la Batalla de Tetuán, 1860”. 1868. Óleo sobre lienzo, 75 x 125 cm. [P4615]. FIRMADO “E. Rosales / 1868” (a. i. d.) ICONOGRAFÍA Batalla de Tetuán. Episodio de la guerra hispano-marroquí (1859-1860) que tuvo lugar el 6-2-1860. La batalla tuvo lugar el 1 de enero de 1860, cuando el ejército español inició la marcha hacia Tetuán, con el general Prim en vanguardia, seguido por los generales Zavala y O’Donnell. Prim debía ir al valle de los Castillejos y ocupar una posición conocida como la casa del morabito para esperar al segundo cuerpo de ejército que llegaría al día siguiente, y juntos pasar al valle. Prim consiguió su objetivo, pero fustigado por el enemigo, avanzó con una temeraria carga a la bayoneta y ocupó la posición enemiga y después persiguió al enemigo con la caballería pero los marroquíes pasaron al ataque y recuperaron la posición que habían perdido, hasta que Prim cogió la dirección y en cabeza y hablando a los soldados, electrizados por el ejemplo de su líder, inició la contraofensiva, con la buena suerte que entonces llegó Zavala con cuatro batallones y redondeó la victoria. Los españoles tuvieron 700 muertos y 2000 los marroquíes. La batalla forjó la fama de valiente del general Prim.


11. Eduardo Rosales: “Muerte de Lucrecia”. 1871. Óleo sobre lienzo, 257 x 347 cm. [P4613]. La patricia romana Lucrecia se suicida tras ser violada por el hijo del rey de Roma, lo que provoca el fin de la Monarquía y la proclamación de la República en el año 510 a. C. Su padre y su esposo sostienen su cuerpo inerte mientras Bruto jura venganza, en una composición llena de dramatismo y teatralidad. Rosales siempre consideró este lienzo como su mejor obra, pero fue objeto de grandes críticas por su desconcertante  modernidad, su audacia técnica y la atrevida utilización del color y el claroscuro. En su defensa el propio pintor justificó estos efectos en aras de una impresión vigorosa, de un mayor dramatismo de la escena “que debe ante todo hablar al alma y no el sentido”. Y a los que calificaban el cuadro de “un gran boceto”, Rosales les contestó “el cuadro no está terminado, pero está hecho”. Primera medalla en Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871. En 1882 el Estado adquirió el lienzo a la viuda de Rosales por 35.000 Pts.


12. Agapito Vallmitjana: “Cristo yacente”. 1872, mármol, 43 x 216 x 72 cm. [E00815]. Acierto del Prado al colocar en la sala dedicada de Rosales esta magnífica escultura pues para ella posó Eduardo Rosales en 1869. Bello mármol blanco veteado de gris que nos invita a la contemplación de la humanidad de Cristo muerto y nos inspira compasión. Los signos de la muerte de este Cristo son impresionantes. Su rostro refleja serenidad. Los contemporáneos de Rosales decían que el pintor parecía un “Cristo doliente”. Posó también para los pintores Valdivieso, Fortuny, Maureta y Manzano y para la escultora Adèled’Afrée (“Marcello”).
En la sala 62A, “Retratos y autoretratos de artistas” está expuesto el retrato que del pintor Eduardo Rosales, hizo Federico de Madrazo. Se exhiben 54 retratos y autoretratos de artistas del S. XIX.


Federico de Madrazo: “El pintor Eduardo Rosales”. 1867. Óleo sobre lienzo, 46,5 x 37 cm.A Eduardo Rosales le hizo este retrato el gran pintor Federico de Madrazo, que fue su profesor. En la dedicatoria leemos: “A su amigo/ D. Ed. Rosales/ F. de M./ 1867.”

NUESTRA PROPUESTA

DONDE ESTÁ EL CUADRO DE LORENZO VALLÉS: “LA DEMENCIA DE JUANA LA LOCA” COLOCAR “LA MUERTE DE LUCRECIA” DE EDUARDO ROSALES Y COLOCAR LA OBRA DE VALLÉS DONDE ESTÁ “LA MUERTE DE LUCRECIA”. EL IDEAL SERÍA DEDICAR TODA LA SALA 61B A EDUARDO ROSALES PUES EN EL FONDO DEL MUSEO NACIONAL DEL PRADO SE ENCUENTRAN OBRAS MAGNÍFICAS DE ROSALES DIGNAS DE SER EXPUESTAS.

 

Luis Rubio Gil