El Conde de Benalúa escribió el primer tomo de sus MEMORIAS (Blass, S.A. Imprenta y Encuadernación. Núñez de Balboa, 21. Madrid. 1924). Interesante obra para conocer los últimos años de Isabel II y la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII. Huérfano el Conde a los diez años pasó a ser su tutor D. José Osorio y Silva, marqués de Alcañices, su tío y padrino más conocido como duque de Sesto (las Memorias escriben Sexto). El duque fue, con Cánovas, el más acendrado defensor de la vuelta de la Casa de Borbón al trono de España, en la persona de Alfonso XII. Su palacio en Madrid, situado en el actual Banco de España, fue el centro de los adeptos alfonsinos. El Conde fue amigo del niño Alfonso, después rey.

Relatando los personajes que al palacio del duque de Sesto acudían y que él conoció escribe en las págs. 123-124, y después de preguntarse por la popularidad de su tutor concluye:

“que rara vez se habrán visto reunidos alrededor de una personalidad, mayor número de elementos de todo género.

Así he conocido desfilar por nuestra casa todo el elemento intelectual español de la época como Valera, Campoamor, Zorrilla (los poetas); como aquellos otros de la famosa cuerda granadina, D. Manuel de Palacio, Fernández y González, Alarcón, Fernández Guerra y el moro Fernández Jiménez, que ya eran amigos de mis padres en Granada, Serra, Ayala, convertido en alfonsino, Eusebio Blasco, Ricardo de la Vega, Vital Aza, etc. Los hombres que más opinión podían fomentar en el libro y en las tablas de la escena Española.

De artistas conocí entonces a Madrazo (D. Federico), Fortuny, Rosales, Pradilla, que iban a Roma con Vallés (hijo de un dependiente de casa, pensionado de mi tío) Domingo. De actores amigos suyos recuerdo haber visto a Vico, Mariano Fernández, Arjona, Mario y hasta recuerdo perfectamente en alguna ocasión la figura de toreros Tato, Gordito y Frascuelo”.

 

Luis Rubio Gil

junio, 2003